Mensaje promulgación de la Reforma Política Electoral

Señor Presidente Constitucional de la República Mexicana; señores Presidentes de la Cámara de Senadores; de la Cámara de Diputados; señores secretarios, coordinadores parlamentarios; estimados magistrados; consejeros electorales.

Amigos todos:

Nuestro país tiene mucho mayor potencial de crecimiento y de desarrollo del que hemos podido alcanzar, esto se debe en mucho a que no hemos logrado consolidar nuestra transición democrática y a que no contamos con un sistema político que genere los acuerdos a la velocidad, a la profundidad de los retos que enfrentamos, de los retos que nos exige el tiempo contemporáneo.

El paso de un Estado autoritario a un Estado democrático no ha concluido y no hemos consolidado aún un entramado institucional que supere la impunidad, los privilegios, la desigualdad y la injusticia en nuestro país.

Luego de 15 años de gobiernos divididos, sin mayorías legislativas, se ha venido acumulando un preocupante rezago de cambios institucionales que permitan superar nuestros desequilibrios, nuestros lastres y, al mismo tiempo, aprovechar nuestras oportunidades y nuestro potencial al máximo posible.

Hace 18 meses iniciamos un proceso inédito, incierto, temerario y, sobre todo, audaz para la política mexicana.

Intentar cambiar la dinámica tortuosa, lenta e ineficaz de negociar parcial y casuísticamente la agenda de las reformas legislativa para consolidar la transición democrática.

Hace año y medio inició un proceso inédito en nuestro país para hacer política y construir acuerdos dentro de un Pacto por México entre las tres principales fuerzas políticas y el Gobierno Federal.

El espíritu de fondo tenía que ver con el reconocimiento general y amplio de la obsolescencia del Estado mexicano, deterioro que se traducía en fallas de funcionamiento y, por ende, en el aprovechamiento por parte de poderes fácticos de estas lagunas o deficiencias para empoderarse, generando dinámicas de privilegios, de impunidad y la incapacidad de generar y garantizar el imperio de la ley, del Estado de Derecho que los mexicanos demandamos.

Con inexplicable complacencia en unos casos y en otros con absurda connivencia fuimos testigos de la manera en que estos poderes fácticos fueron sustituyendo o reemplazando los poderes formales del Estado en perjuicio de la nación.

Bajo una dinámica en la que reciclaban sus lealtades, según el partido en turno, en realidad nos debilitábamos todos.

A la consciencia crítica y autocrítica y al reconocimiento de este deterioro sistémico el Pacto por México agregó un ingrediente fundamental, un ingrediente indispensable, el de la interlocución confiable entre los autores de las tres principales fuerzas políticas y el Gobierno Federal.

Este ejercicio de política nueva generó de arranque un conjunto de posicionamientos y acuerdos que reconfiguraron inmediatamente el contexto político nacional, generando al mismo tiempo sorpresa, admiración, en algunos casos oposición y en otros escepticismo.

Han transcurrido 13 meses desde su firma, muchos podrán argumentar que no se han logrado cumplir los 95 compromisos iniciales ni los 11 del Adéndum, pero nadie podrá negar que este espacio propició el mayor impulso reformador en muchas generaciones.

Nunca las reforma habían avanzado tanto y como en ninguna época de México un Presidente de la República ha logrado contar con tanta disposición y colaboración de la oposición, como el Presidente Enrique Peña Nieto.

Esta disposición y esta colaboración lo obliga a honrar su palabra y el espíritu de las reformas constitucionales en las leyes secundarias que están por venir.

El conjunto de las reformas aprobadas aún no ha sido debidamente aquilatado y dimensionado, en su impacto amplio, en su impacto profundo en nuestro país.

De este conjunto de reformas distinguimos tres que son reconfiguradoras radicales de la manera en que atienden completamente el juego, los jugadores, la cancha, las reglas y los árbitros.

Estas tres son: la Reforma en Telecomunicaciones, la Reforma Energética y la Reforma Política. Ya ha sido ampliamente  difundido el impacto potencial de la Reforma Energética, pero la de Telecomunicaciones y la Política aún están muy subvaloradas y una de ellas estigmatizada.

La Reforma Política que hoy se promulga no consiste en desaparecer al IFE, como mayor mente se ha dado a entender, al contrario, es un verdadero reconocimiento a su desarrollo porque el IFE será el corazón del nuevo INE.

Se trata de reconocer que nuestra democracia tiene dos desempeños, dos velocidades: la dinámica de la política de las elecciones federales, por un lado, y la política y la elecciones locales por el otro.

El estándar de nuestra democracia en lo Federal, si bien es aún perfectible, es infinitamente mejor a nuestra democracia en lo local y esto es absoluta y rotundamente injustificable.

Muchos dolosamente han criticado que esta reforma era una moneda de cambio frente a la Reforma Energética, que era un quid pro quo, esto es falso; el PAN propuso y apoyó ambas reformas por nuestro auténtico convencimiento de que ambas son indispensables para nuestro país.

A partir de hoy, con la conformación del INE, le daremos un segundo aire a nuestra democracia preservando lo que el IFE ha logrado durante muchos años y reformando todos los aspectos que no se han acabado de consolidar, una sola instancia con más independencia y más atribuciones, una sola instancia que cuida y haga crecer a sus cuadros en el servicio profesional electoral nacional, una sola instancia que puede intervenir y hasta organizar elecciones estatales cuando no existan las condiciones o la autonomía necesaria.

El INE para Acción Nacional es la institución que necesita hoy México y que debemos de cuidar todos los partidos y todos los mexicanos.

Sin duda, su mayor reto está en su integración democrática, su integración transparente e imparcial, conformarlo por hombres y mujeres, que no sólo tengan un prestigio que construir, sino un prestigio más bien que preservar, dotados de una biografía, de una historia que cuidar y en ella un claro compromiso con la democracia.

Un INE que en su constitución no reitere o repita el principal vicio que buscamos combatir con la reforma constitucional, los órganos a modo del gobernante en turno o de los estrictos intereses partidistas; pasamos de la defensa IFE-céntrica a la revisión, la crítica y el mejoramiento de la democracia nacional en su conjunto.

La creación del INE no es para sustituir al IFE, sino para construir un nuevo sistema electoral nacional; con esta reforma además se abren muchas posibilidades que hasta hoy han estado cerradas en nuestro país, estamos ante la mayor reforma constitucional realizada en nuestro país en materia del fortalecimiento del Poder Legislativo, la reelección consecutiva de legisladores federales y locales es su mayor ancla.

Victoria programática del PAN, triunfo histórico de los mexicanos para que el Poder Legislativo sea fuerte y profesional, para que sean los ciudadanos los que juzguen el trabajo de cada diputado, de cada alcalde y que tengan el poder de decidir su remoción o su permanencia en el cargo.

Frente a  la pluralidad, que llegó para quedarse, se incorporan ahora la figura de los gobiernos de coalición para que sea el interés de México el que apunte el rumbo de las decisiones políticas.

La autonomía del CONEVAL para que los resultados se midan con independencia, sin que puedan ser manipulados, y la paridad de género para que alcancemos una verdadera era de igualdad.

Las candidaturas independientes para acabar con el monopolio de los partidos políticos, también estamos cambiando las pautas para los tiempos en radio y televisión, porque es evidente que el actual sistema no es funcional.

Establece claramente también como causales de nulidad exceder el gasto de campaña, adquirir cobertura mediática de forma ilegal y la utilización de los recursos públicos en procesos electorales.

El duelo entre los que centran su atención en la desaparición del IFE es ampliamente superado, por el entusiasmo de quienes hasta ahora han padecido el atraso político en lo local.

La capacidad de un nuevo INE de establecer mejores estándares de desempeño democrático en lo local, sus facultades fiscalizadoras en los procesos locales, el nuevo Código General Electoral para desarticular las legislaciones a modo, los nombramientos obsecuentes y las sobrerrepresentación artificial son logros muy alentadores para los que contienden en las elecciones locales.

Con árbitros, con reglas y con cancha mucho más dispareja en lo local, que en las contienda federales.

Éstas, entre otras modificaciones, serán la pauta para elegir gobernantes y tener mejores gobiernos. Las reformas solucionan mucho de los programas que denunciamos en los procesos electorales recientes.

En un régimen presidencialista, sin embargo, la cultura del vértigo por el vértice arroja todo los créditos y se concentran en un solo actor, el Presidente del República.

Sin embargo, no sólo sería injusto sino altamente inconveniente para poder valorar el modelo de colaboración, el no llegar a reconocer que esta reformas no sólo fueron posibles gracias a los votos de los partidos de posición, sino fundamentalmente gracias a sus ideas, sus demandas y sus propuestas.

Debo agradecer a los órganos de mi partido, al Comité Ejecutivo Nacional y al Consejo Nacional por apoyarnos en la decisión de participar en estos acuerdos y reformas dentro del Pacto por México.

Con sus resolutivos, el Consejo Nacional nos instruyó, no sólo, a participar en él, sino hacerlo distinguiéndonos con la capacidad de propuestas de mayor calado reformador y democratizador.

Viene una etapa de grandes oportunidades, pero también de riesgos, son reformas vivas que están en marcha y no debemos de descartar que ahora que vamos a la legislación secundaria, volverán las resistencias de los agentes económicos y políticos afectados por las reformas.

En un escenario ahora de aprobaciones bajo la fórmula de mayorías simples; es deber cuidar y honrar lo pactado y escrito en la Constitución.

La reformas secundarias deben ensanchar la idea del Estado democrático y no regresarle ninguna coma a los intereses que se le han opuestos o a quienes quieren reducir su capacidad regulatoria.

En este esfuerzo democratizador y reformador es indispensable la participación de la ciudadanía para acompañar, para vigilar, para exigir la transparencia y rendición de cuentas en las leyes secundarias que se desprendan de estas reformas.

De esto dependerá que consolidemos nuestra transición democrática y que terminemos de desmantelar el sistema autoritario y de privilegios que tanto daño continúa causando a nuestro país.

Esta es una tarea de todos y nuestro partido refrenda hoy su compromiso en esta agenda.

Muchas gracias.

GustavoMadero ReformaPolítica

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