Justicia Social en el PAN

“EL TEMA SOCIAL EN EL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL”

(Participación en la revista México Social de Julio)

Durante mucho tiempo en México, para gran parte de la clase política y para el grueso de los ciudadanos el tema social ha tenido un marcado referente en la  justicia social. En el PAN, no obstante, tiene de principio una acepción más amplia que sólo saldar adeudos con las clases marginadas  de esta nación, asunto que sin duda no deja de ser una asignatura pendiente que demanda atención.

Desde sus orígenes, el partido ha establecido un compromiso social a través de sus principios doctrinarios y de su ejercicio del poder público. A diferencia de otras expresiones políticas, para el panismo el tema tiene raigambre moral y filosófica, distante de la sola referencia programática o la frase de oportunidad, repetitiva y vacía, de la que se abusó por décadas. Un largo periodo de demagogia oficial monopolizó el discurso y limitó la noción de lo social al terreno meramente reivindicativo, generando incluso una confrontación social de baja intensidad de la que aún quedan reminiscencias.

Quizás también por esta razón, el mensaje social del PAN no ha sido dimensionado adecuadamente, y ha merecido confusas e injustas interpretaciones de parte de la opinión pública, de los medios de comunicación y de sus competidores.

Sin dejar de advertir que a lo largo de los diversos pronunciamientos del partido sobre esta temática pueden identificarse tales contrastes, en un esfuerzo de síntesis haremos una reflexión, tomando como base los cuatro pilares del humanismo político que impregnan su cuerpo doctrinario, y que en esta circunstancia ayudan a explicar con más claridad cómo piensa Acción Nacional la cuestión social, en este caso, con una sencilla mención al Estado y el gobierno.

El puro hecho de que las bases del pensamiento adoptado por el PAN hablen de la Persona y su eminente dignidad, en lugar de reducir al ser humano a la categoría de individuo, marca una diferencia de gran calado. Al valorar al hombre como un ser multidimensional, con destino trascendente, se le coloca como el núcleo alrededor del cual orbitan el arreglo del Estado y las políticas públicas, en las que se atienden no sólo las necesidades materiales sino también las espirituales. Ello conlleva a que el Estado vele porque la persona desarrolle toda su potencialidad y en ello encuentre su realización como ser humano integral. La primera y más importante consecuencia de esta poderosa idea es que por ninguna razón puede tomarse a la persona como un medio, sino como un fin en sí mismo.

Pero la persona requiere la existencia de un conjunto de condiciones y medios de vida social que le permitan desarrollarse armónicamente junto a su comunidad, lo que identificamos como Bien Común. De no procurar lo anterior, el Estado estaría incumpliendo su función de promover ciudadanos plenos y, consecuentemente, de contar con una sociedad sana.

Para Acción Nacional, la persona es la protagonista de su propia historia, sin que esto implique una conceptualización individualista en detrimento de lo social. Por el contrario, se entiende que sin la interacción con la sociedad en la que está inmersa, la persona no podría encontrar su destino. Tampoco significa, obviamente, que la persona puede ser sacrificada por el bien de la colectividad, toda vez que (como ya se mencionó) no puede ser un medio, ni siquiera bajo la justificación de serlo para el progreso social. Tampoco puede emplearse como sólo instrumento para la generación de riqueza económica o material.

Otras corrientes de pensamiento se ubican en los extremos cuando se trata de definir al ser humano ante la sociedad. Unas tienen una visión egoísta, en donde  la relación del individuo con ella se da en términos utilitarios, de obtención del sólo beneficio personal. Otras  miran a la persona desde un ángulo igualmente pragmático, en el que sólo existe a partir de su presencia en el conjunto de la colectividad. Para los primeros basta con un Estado que se margina a garantizar la convivencia ordenada y atestigua la “sana” competencia de los individuos, en la que inevitablemente prima el triunfo de los más aptos.

Para los segundos, el Estado garantiza la homogeneidad mediante la despersonalización del individuo, sin reconocerles ningún potencial más allá de su papel de engrane en una enorme y fría maquinaria. Ambas reducen la dignidad de la persona a mínimos y, en casos extremos, la aniquilan. Y qué decir de sus frutos cuando han inspirado a algunos gobiernos.

Para el PAN, el ciudadano ideal no es aquel que simplemente cumple con las reglas y  acepta límites ante las otras individualidades como fórmula de convivencia social; o aquél que se pierde en el anonimato colectivo y descarga en el Estado la determinación de los vínculos con sus pares. Su modelo de ciudadano es aquel que, no obstante el compromiso con su proyecto de vida, no es ajeno a las necesidades sociales.

¿En qué vértice, entonces,  coinciden  la dimensión individual y la social de las personas? Los panistas creemos que ese vínculo es la Solidaridad. No pocos teóricos y políticos  piensan (aunque no lo digan abiertamente) que se trata de una entelequia, que el solidarismo no existe, que es una apreciación inocente e impracticable de la naturaleza humana y sus relaciones. Sin embargo, la historia y la vida cotidiana están llenas de testimonios que confirman su existencia. El valor de la Solidaridad en lo social se sintetiza en que es insuficiente que las personas se respeten, sino que necesariamente busquen el bien de los otros.

Complemento de lo anterior es la Subsidiaridad, principio que establece la no intervención social o del Estado en aquello que puede y debe hacer la persona, pues se reemplaza su iniciativa, impidiendo su desarrollo pleno. De otro modo, terminaríamos recreando la limitada concepción asistencialista del Estado, convertida muchas veces en paternalismo con rentabilidad electoral, alimentando el círculo vicioso que impide a los ciudadanos superar sus malas condiciones de vida.

Este sistema de afirmaciones de Acción Nacional implica que lo social reemplace la visión mecánica de asistencia,  por una idea integral de desarrollo de la persona, en un contexto de oportunidades promovidas por la sociedad y el gobierno. Es ponerle alma a la política…

Justicia y Responsabilidad Social

 

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